sábado, 2 de febrero de 2008

Dario Gianella "Tranquila Reflexión"





Desde muy chico, la figura de Darío me resultaba cercana, conocida, inquietante. Recuerdo, y no una, sino decenas de veces, a mi viejo vociferando y tocando los compases de “Tiempo en el sol”, un hermoso tema acústico, que compuso Darío para “Tarkus”, grupo en el que compartieron durante los albores de los años 70´s.

Lo escuchaba y lo veía lentamente desprenderse de su cuerpo, casi flotando, y al toque alguna anécdota, me contaba de ese prodigio de la guitarra de 16 años, de lo adelantado que estaba a su tiempo, del magnetismo que tenía frente a los demás, de cuando lo convenció -sin permiso de sus padres- a partir rumbo a la ciudad del sol a cantarle a los dioses incas. Esto se dio de alguna manera con un par de músicos Peruanos que mi viejo había conocido en Lima apenas unos meses atrás, pues mi padre no era ningún tonto y estaba convencido de que se estaba llevando consigo un diamante en bruto, un genio y me consta que mi viejo en el arte de convencerte es un especialista.

Esta figura inquietante -casi paternal- me influyó a lo largo de mi vida y, hasta donde sé, a todo aquel que tuvo el privilegio de conocerlo. En Abril de 1972, Darío y mi viejo se embarcaron rumbo a Lima, llegaron diez días después, cansados, pero alucinados y llenos de historias de ruta. Su equipaje consistia en una valijita como de abuela con apenas algo de ropa, algunos discos de Black Sabbath y de Pappo`s Blues, una Les Paul Custom, sandalias de cuero y un poncho rojo de tela que le cubría a Darío por los hombros y el torso.

Desde ese instante, Darío se convirtió en Cometa, de esos que iluminan el cielo para siempre, pero que solo se dejan ver por escasos segundos. Armaron la banda “Tarkus” casi en el acto, junto con Walo y Alex, dos chicos peruanos con los que compartían ideologías, porros y demás efemérides, chicos que se dejaron llevar por el genio de este joven/viejo de apellido Gianella, oriundo del barrio de Palermo, localidad ubicada en el corazón de la capital porteña.

Darío pasaba la mayor parte del tiempo, encerrado en la casa de Walo en el segundo piso de un departamento ubicado en la calle San José esquina con Sucre en Pueblo Libre. Aquí pasaban los días componiendo docenas de canciones y escribiendo sus letras en un pequeño cuaderno, algunas tipiadas gentilmente a máquina por Walo y otras que nunca se sabrá adonde fueron a parar, pocas veces salía a la calle, se le veía comprando el pan para el desayuno y otra vez al cuarto a seguir componiendo entre inciensos y cortinas de estilo árabe, como un impulso vital. Walo recuerda cual foto verlo a Darío a las siete de la mañana, en la fila de la panadería de la esquina con todas las amas de casa y las empleadas, con el perro de la casa y su “Eterna Sonrisa”. Al principio a las señoras les resultaba un poco raro el chico, lo miraban como si hubiese bajado de un Ovni, pero con el tiempo se volvieron en confidentes y lo adoraban.


Durante esos primeros meses “Tarkus” grabó lo que a la postre sería su primer y único álbum hasta la fecha, sin darse cuenta realmente del valor que tendría algunas décadas después para muchos jóvenes músicos y coleccionistas, hablando claro, en términos de rock Pesado. Con el tiempo la banda tomaría el valor de banda de culto, a pesar que en aquella época no se daban cuenta que estaban sentando ese precedente, pues el tiempo corría demasiado rápido por aquellos días. Además de los 8 temas -casi todos de autoría de Darío- los cuales quedaron registrados en vinilo, llegaron a grabar unos 4 o 5 temas más, que por razones que hoy se desconocen, se perdieron dentro de la fabrica MAG seguramente para siempre cuando cerraron sus puertas definitivamente.


En aquel entonces, a mediados de 1972, Darío conoció a un grupo de personas con aspecto angelical y confesos devotos de Jesucristo, conocidos posteriormente en todo el mundo como “Los Niños de Dios”.

Una mañana y a días de debutar oficialmente como banda, Walo, Alex y mi viejo estaban esperándolo con corresponsales de una prestigiosa revista limeña, les harían una nota para que hablaran del disco y del concierto debut programado en el cine “El Pacifico”, pero Dario no llegaba.. En eso toca la puerta y cruza sin mediar palabra alguna y con su “Eterna Sonrisa”, esta vez aún mas pronunciada. Comenzó a recoger lentamente sus cosas y entregándole la guitarra eléctrica a mi viejo sentencia:”Desde este momento, dejo de hacer música inspirada por las drogas y el sistema, solamente voy a ofrendar mi música al Señor”; un viento helado corrió en la sala del departamento de Sucre, trataron de convencerlo, pero fue imposible, la decisión ya estaba tomada y nunca más la cambiaria.

Dario (centro izquierda y mi viejo centro derecha,) junto a dos amigos de la época en la puerta de la congregacíón LNDD.


Desde ese momento, se convirtió en el compositor de “Los Niños de Dios” y rápidamente en un líder, adoptando el nombre de “Manases”, nombre concebido en un ritual de iniciación practicado por la congregación. Pasaron algunas semanas y aparece por Lima el padre de Darío -un Oficial de Marina de las Fuerzas Armadas Argentinas- contacta a mi viejo y éste le cuenta como encontrarlo, el padre trata de convencerlo para que regrese a Argentina lo antes posible pero fracasa en el intento. Días después llega con una ambulancia a la casa de los cofrades y se llevan a Darío rumbo a Buenos Aires, amarrado y con camisa de fuerza. Ya en Argentina, sus familiares lo internan en un neuro psiquiátrico y al salir Darío se contacta nuevamente con los Niños de Dios y estos le encomiendan que forme allá la congregación. Se dispone a hacer eso, con gran éxito, en poco tiempo Buenos Aires es uno de los puntos estratégicos más fuertes en el mundo para la congregación. Darío era un imán, de esas personas que no hablan mucho, pero cuando lo hacen todo el mundo calla y escucha,”Hablaba con poesía”, cuentan por ahí.

Pasados un par de años, Darío se entera que uno de sus camaradas de Tarkus se esta viendo con la congregación en Lima y preguntando por él, pero parece no estar del todo seguro de pertenecer ahí. Esto convence a Darío de que su misión estaba cumplida en Buenos Aires y viaja nuevamente a Perú para encontrarse con su amigo Alex. Nuevamente en Lima y con Alex entre sus hermanos graba un simple y luego un LP para la congregación, que se vende a miles en todo Latinoamérica, con mayoría de canciones suyas y algunas de Alex. Cuenta Alex, que en la casa donde vivían con la congregación, donde vivían en comunidad, habían días que subían a “La Azotea” de la casa y tocaban a escondidas temas de Tarkus y otros nuevos, en el mas absoluto secreto, quizá los últimos temas de rock que compuso o quizá no.

La congregación”Los Niños de Dios” fue perseguida por la justicia por razones que ahora no vienen al caso. Darío se marcha junto a su mujer a los Estados Unidos -precisamente a Seattle- nunca más se sabrá de él hasta hoy.
Más de 30 años después de esta historia, me vengo a vivir a Lima, otra vez la gente se me acerca para hablarme de ese mágico ser que cautivaba con su discurso y con su música, me pongo a investigar en la web en busca de algún indicio de su existencia, y nada. Un día me topo con un “Gianella” en una página que es cantante y descubro por una pequeña reseña que se trataba de su hijo, nos mandamos un par de correos y me cuenta que vive en Madrid, pero no con su padre. Trato de establecer un contacto, a través de él, pero en su ultimo mail me escribe:”Mi padre en este momento está más centrado en Dios que en cualquier otra cosa”. Nunca más nos volvimos a comunicar, le mande algunas fotos, prensas y hasta un par de cartas, quizá de ese modo el loco se animaría a responder, pero lo cierto es que no hubo caso.

Después de seis meses de residencia en Lima, casualmente en Pueblo Libre, casualmente en la casa de Walo Carrillo, llama Alex Nathanson, su antiguo amigo y cómplice de Darío, anunciando que se viene al Perú. Y si rearmamos Tarkus? nos preguntamos con Walo. Así fue que se coincidió con una segunda reedición del CD, hicimos un recital colmado de gente -de jóvenes y no tanto- gente que vino de muy lejos para verlos y que se preguntaban casi como un loop, ¿Qué fue de la vida de Darío Gianella?, ¿En donde está?, ¿Cuándo lo traen? El concierto fue impresionante y muy emotivo en todo el sentido de la palabra.

Debo confesar, que cuando empecé con la tarea de sacar los temas -los arreglos y los solos- y aunque venia escuchando la música de Tarkus desde mi más tierna edad, las canciones no dejaron de sorprenderme ni por un segundo, una tras otra, cada vez más y más. Era como ponerme en la piel de este ser luminoso de a ratos, al menos eso sentía por aquel entonces. Alex me mostró algunos de los temas que quedaron fuera del Long Play, así como los temas que ensayaba a dúo con Darío en “La Azotea” de la congregación y así me fui fundiendo entre riffs hipnóticos, con las letras delirantes de ese genio de Darío, de Manases, del Cosmonauta o como quieran llamarlo..

Christian Van Lacke

3 comentarios:

Grinder dijo...

Saludos Christian!, excelente idea de plasmar en letras todas las cosas que nostros los fans de Tarkus siempre quisimos conocer al detalle, excelente blog y esperamos con ansias el segundo capítulo de Tarkus...!

fernando dijo...

hola,,estoy escuchando por enesima vez el long play de los niños de dios,,(aunque no soy religioso) lo tengo porque desde ya sabia que habian ahi dos integrantes de lo que fue tarkus,,,el disco es bueno,, musicalmente,,como el tema "voy caminando" de dario gianella"el esta llamandote "de alex nathanson, y varias mas compuestas por ellos,,, es una pena que dario haya tenido que dejar el grupo por esta congregacion relijiosa,, pero son cosas de la vida,,,,pero desde ya,, este lp es un documento historico,,aunque este mas alla de la linea de tarkus,,,es algo que todo fan de la banda debe saber,,gracias y suerte,,,

Leslie's Blog dijo...

Hola, soy una amiga de Dario desde hace mucho tiempo y estoy tratando de localizarlo. Lo conocia en Peru y Argentian. Sus canciones son recuerdos inolvidables. Alguien tiene un e-mail de el por favor? Gracias -- Katrina